El Ave María de Caccini que Caccini nunca escribió: la historia de uno de los mayores fraudes musicales del siglo XX
La Coral Santa Cecilia suele interpretar en sus conciertos de música sacra un Ave María cuya belleza es tan incuestionable como enigmática su procedencia. Durante décadas se ha atribuido al compositor renacentista italiano Giulio Caccini. Sin embargo, la musicología moderna ha desvelado que estamos ante uno de los fraudes más fascinantes de la historia de la música: detrás de esta obra no hay un maestro florentino del siglo XVI, sino un músico soviético del siglo XX, Vladimir Vavilov.
A continuación repasamos, con las pruebas documentales que lo confirman, cómo se resolvió este misterio y por qué la pieza sigue emocionando exactamente igual sabiendo la verdad.

Giulio Caccini, el compositor al que se le atribuyó la obra
Para entender el peso del engaño conviene situar primero al compositor al que tradicionalmente se le adjudicó la pieza. Giulio Caccini (Roma, hacia 1551 – Florencia, 1618) fue una figura central en la transición musical del Renacimiento al Barroco.
Como miembro destacado de la Camerata Florentina (o Camerata Bardi), Caccini fue pionero del estilo conocido como recitar cantando, germen de la ópera moderna. Su obra más influyente, Le Nuove Musiche (1602), fijó un estilo vocal de gran expresividad, pero siempre ceñido a las reglas armónicas de su época: exactamente lo contrario de lo que se escucha en el Ave María que lleva su nombre.
Vladimir Vavilov, el verdadero autor tras el telón de acero
El auténtico compositor fue Vladimir Fyodorovich Vavilov (1925-1973), guitarrista, laudista y compositor soviético formado en el conservatorio Rimski-Kórsakov de Leningrado. Vavilov fue un estudioso de la música antigua, pero su legado más perdurable no fue la interpretación histórica, sino la falsificación musical convertida casi en arte.
¿Por qué firmaría su propia obra con el nombre de un compositor muerto casi cuatro siglos antes? La respuesta está en la censura y la burocracia cultural de la URSS. Para un compositor contemporáneo, publicar música de corte espiritual bajo el monopolio discográfico estatal (Melodiya) era prácticamente imposible sin el visto bueno del aparato del partido. Vavilov descubrió que, si presentaba sus propias composiciones como hallazgos de partituras perdidas de grandes maestros del pasado, los censores no solo las aprobaban, sino que las celebraban como rescates del patrimonio musical europeo.
El disco de 1970 y cómo se gestó el fraude
La pieza vio la luz en el LP Лютневая музыка XVI-XVII веков (Música para laúd de los siglos XVI y XVII), grabado por Vavilov en 1970 y editado por el sello estatal Melodiya (catálogo Мелодия СМ 02059-60). En aquella primera edición, casi todo el repertorio del disco aparecía firmado por compositores renacentistas reales o inventados —Vincenzo Galilei, Francesco da Milano, Niccolò Nigrino—, mientras que el Ave María (cara A, pista 3) figuraba como obra de un «autor anónimo del siglo XVI».
En esa grabación original, el órgano corrió a cargo de Mark Shajin y la voz —una vocalización sin texto litúrgico, solo «Ave Maria» repetido— fue interpretada por la mezzosoprano Nadezhda Váiner.
No fue hasta después de la muerte de Vavilov, en 1973, cuando otros músicos empezaron a difundir la pieza vinculada al nombre de Caccini, probablemente para otorgarle aún más prestigio y facilitar su circulación en circuitos internacionales. Curiosamente, ni el propio Vavilov llegó a ver cómo su Ave María se convertía, ya en los años 90, en un éxito mundial gracias a las grabaciones de intérpretes como Inessa Galante o Andrea Bocelli.
El disco se reeditó varias veces en años posteriores —hay reediciones documentadas de 1978, 1985 y 1987, entre otras, siempre con el mismo sello y número de catálogo (Мелодия, СМ 02059-60)— y en varias de esas fichas de catalogación, incluidas las más recientes, la propia industria discográfica sigue señalando a Vavilov como «autor más probable» tanto del Ave María como de la Canzona atribuida a Francesco da Milano, pese a que comercialmente la pieza siga circulando bajo el nombre de Caccini.
No fue su único engaño
El Ave María no fue el único caso. En ese mismo disco de 1970, la pieza inaugural —una «Canzona y Danza»— se atribuyó al célebre laudista renacentista Francesco da Milano, cuando en realidad era también obra original de Vavilov. Esa misma melodía, con letra añadida años después, se convertiría en la canción rusa La ciudad de oro (Город золотой), un auténtico himno popular en la URSS y la Rusia postsoviética.
Este patrón —componer música nueva y firmarla con nombres del Renacimiento o el Barroco— fue, según los musicólogos, el método habitual de Vavilov para eludir la censura y dotar a sus obras de una legitimidad histórica que como compositor soviético contemporáneo no se le habría concedido.
Las pruebas del engaño
- El registro discográfico original de 1970. La primera edición del disco de Melodiya no menciona a Caccini en ningún momento; la pieza figura como anónima.
- Incongruencia textual. La letra se limita a la repetición de las palabras «Ave Maria», sin el texto litúrgico completo en latín que sí emplean, sin excepción, las obras sacras auténticas de los siglos XVI y XVII.
- Anacronismo armónico. La progresión de acordes y el acompañamiento arpegiado remiten al lenguaje del romanticismo tardío y del neoclasicismo del siglo XX, muy alejado de los tratados de bajo continuo y monodia que el propio Caccini contribuyó a fijar.
- Ausencia total de fuentes históricas. No existe manuscrito, partitura original ni mención bibliográfica de época que vincule a Caccini con esta melodía.
Hoy la musicología internacional es prácticamente unánime: Vladimir Vavilov es reconocido como el único autor de la pieza, aunque la atribución errónea a Caccini sigue circulando en programas de mano, portadas de discos y plataformas de streaming.
La música por encima del mito
Este enigma invita a reflexionar sobre la naturaleza de la autoría y la autenticidad artística. Que el Ave María se compusiera en el Leningrado de 1970, y no en la Florencia de 1600, no resta un ápice de valor a su calidad ni a su capacidad para emocionar. La honestidad de los sentimientos que despierta supera, con mucho, la anécdota de su firma.
Preguntas frecuentes
¿Quién compuso realmente el Ave María atribuido a Caccini?
El compositor, laudista y guitarrista soviético Vladimir Vavilov, que la registró en 1970 bajo la etiqueta de «anónimo».
¿Por qué Vavilov no firmó la obra con su propio nombre?
Publicar música espiritual contemporánea era casi imposible bajo la censura soviética; presentarla como un hallazgo histórico le garantizaba la aprobación del régimen.
¿Es la única obra que Vavilov atribuyó a otro compositor?
No. En el mismo disco de 1970 atribuyó a Francesco da Milano una pieza propia que, con letra añadida, se convirtió en la popular canción rusa La ciudad de oro.
¿Deja de ser una obra maestra al saber que no es de Caccini?
En absoluto. Su valor musical y emotivo es independiente de la identidad de su autor: es, simplemente, una gran obra del siglo XX disfrazada de Renacimiento.
La Coral Santa Cecilia publica el repertorio de cada concierto con antelación. Si encuentras esta pieza en nuestro próximo programa, escúchala ya no solo con los oídos bien abiertos, sino conociendo la fascinante historia de supervivencia musical que se esconde tras sus notas.
Fuente discográfica: ficha de catalogación en Discogs de la reedición de 1978 de «Лютневая Музыка XVI-XVII Веков» (Мелодия, СМ 02059-60).



